domingo, 8 de febrero de 2009

Un buen brahmacari es un buen grihasta

Bhakti es amor. Amor puro por Krishna, pero amor. Sin amor no hay bhakti. Tener capacidad de amar es indispensable para desarrollar bhakti.

Austeridad y desapego muchas veces son confundidos con rudeza y maltrato. Tal vez no estemos familiarizados con tales términos, y por eso confundamos “austeridad” con “incomodidad” y “desapego” con “des-aprecio o desprecio”

Recibir una educación brahmacari a edad temprana es una de las mayores fortunas, pero si esa educación está mal guiada, entonces se malogra.

La educación brahmacari no tiene como objetivo producir célibes de por vida. La educación brahmacari tiene por objetivo inculcar el dharma.

Luego, cada brahmacari o brahmacarini tomará la decisión de continuar en el sistema varnasrama-dharma siguiendo el proceso de cuatro asramas o permanecerá brahmacari hasta dejar el cuerpo o hasta acepar sannyasa.

Brahmacaris que prefieren abandonar el dharma cuando no pueden sostener por más tiempo el celibato son brahmacaris que no han recibido una correcta formación.

Año tras año podemos observar en todo el mundo cómo cientos de brahmacaris abandonan la senda del dharma o pierden la felicidad y los buenos modos endurecidos en un proceso de aguantar para no claudicar.

Esa no es la intención de la formación brahmacari, al menos no dentro de la escuela vaishnava. catur-varnyam maya srstam-guna-karma-vibhagasah. Krishna en persona creó el sistema de cuatro varnas, en términos de cualidades (guna) y ocupaciones (karma). Dar una educación contraria al libre movimiento dentro de los asramas es dar una instrucción contraria a la de Krishna. Cabe aclarar que no hay ninguna oposición a permanecer dentro de la vida de renuncia, bien como brahmacari o como sannyasi, pero sí nos oponemos a la inculcación de que el cambio de asrama es una desgracia en la vida de un trascendentalista.

Un buen brahmacari o brahmacarini que haya recibido una buena educación brahmacari, será, si desea cambiar de asrama, un excelente grihasta. No una baja institucional. No un castigo para el matrimonio. No un mal padre o una mala madre. No una persona frustrada.

Por: Satyaki das (Rosario, Argentina)
Texto original.