martes, 17 de junio de 2008

¿Krishna es Nuestro Señor o Nuestro Siervo?


Puesto que el nombre de Krishna posee inmenso poder espiritual,

debemos ser cuidadosos en cuanto a cómo usarlo

Por Urmila Devi Dasi (ACBSP)

Enviado por Gustavo Medina


Mis alumnos de la materia Política Gubernamental y yo nos sentamos en
absoluto silencio, evitando in­cluso hacer ruido con nuestra respiración,
oyendo la sorprendente historia en la sala del tribunal. Bueno, al menos, la
historia era sorprendente para aquellos jóvenes estudiantes de quince o
dieciséis años, cuyas vidas nunca se habían cruzado con la de criminales y
drogadictos.

“Usted violó la libertad condicional tres veces”, dijo el honorable juez. Se
inclinó hacia adelante en su mesa y miró fijamente al hombre esposado, que
usaba uniforme de presidiario. “Usted fue sentenciado a asistir a un
programa de desintoxicación. Pero ni bien comienza el programa, lo abandona
inmediata­mente. ¿Usted sabe cuál es la pena por no cumplir la restricción
de la libertad condicional?”

El joven acusado —de brazos musculosos y cabeza rapada— permaneció
inexpresivo, como un soldado, y no dijo nada. Casi logró parecer
arrepentido. Por lo menos, el juez pareció creerlo.

“Quince años”, dijo el juez en forma dura y pausada. “Quince años. De vuelta
a la prisión por quince años”. Hizo una larga pausa. “¿Usted quiere
permanecer en prisión por quince años más?”

“No, señoría. Simplemente no me agrada el programa de rehabilitación al que
fui sentenciado. Yo quería una oportunidad en otro tipo de programa. Una
última oportunidad. Si yo tuviera el programa que estoy solicitando,
ciertamente abandonaría la cocaína de buena gana”.

El escribano apoyaba su mano encima de las llaves. Nadie se movía.

“Muy bien”, dijo el juez, todavía inclinado hacia adelante con todo el peso
de su cuerpo apoyado en sus brazos.

Advertimos que no respirábamos hacía casi un minuto. Entonces, hubo toses y
murmullos.

“¡Pero ésta es su última oportunidad!”, dijo el juez en voz alta y casi
escupiendo —incluso algunos de nosotros nos asustamos. “Usted no puede
seguir irrespetando las sentencias y pidiendo otra oportunidad. Ésta es
definitivamente su última oportunidad. Haga buen uso de ella”.

Él desvió la mirada del acusado y se volvió a los papeles en su mesa.

“Próximo caso”.

Krishna, el misericordioso Juez

¿Ese criminal estaba listo para reformarse? ¿O simplemente estaba usando la
misericordia del juez para tratar de engañar al sistema? Nosotros no
acompañamos el caso, pero desconfiamos de las intenciones de aquel joven.

Así como el juez, Krishna y las personas santas, incluyendo al guru —que
acepta la responsabilidad de llevarnos de vuelta a Krishna— perdonan con
gran placer nuestros errores, aun errores graves. Pero, ¿y si
deliberadamente usamos al Señor, a Sus siervos, o cualquier aspecto de Su
servicio —especialmente el canto de Su nombre— para librarnos de la reacción
de nuestros pecados? Krishna, entonces, dejará de ofrecernos más y más
oportunidades, e impedirá que Lo conozcamos por estar tratando de ocuparlo
como nuestro siervo.

En 1992, Charles H. Keating Jr. fue encontrado culpable del robo de más de
un cuarto de billón de dóla­res por fraude. Él dio cerca de un millón de
dólares de ese dinero —en gran parte robado de otros pro­gramas de caridad—
a la Madre Teresa, para la asistencia de personas pobres de la ciudad de
Calcuta. El procurador distrital que procesó al señor Keating escribió a la
Madre Teresa pidiéndole que devolviese las donaciones a las víctimas del
robo.

“No es extraño que un criminal sea generoso con la familia, con los amigos y
con instituciones de cari­dad”, escribió el procurador distrital. “Tal vez,
ellos piensen que su generosidad puede comprar amor, respeto o perdón. Sin
embargo, el tiempo en que comprar ‘indulgencia’ era aceptado como un método
admisible para conseguir el perdón, tuvo fin con la Reforma. Ninguna
iglesia, órgano de caridad u organi­zación puede actuar como consoladora de
la conciencia de un criminal”.

El procurador estaba refiriéndose a la Reforma Protestante, que con mucho
fervor objetó la idea de ‘in­dulgencia’, en la cual, a cambio de donaciones,
la iglesia prometía remisión de los castigos a los pecado­res.

La mentalidad de usar la religión o la práctica espiritual para evitar
puniciones es algo frecuentemente designado como la peor ofensa al Señor —lo
que impide gravemente nuestro progreso espiritual. Prabhu­pada se refiere a
dicha ofensa, cuando atañe al canto del santo nombre del Señor, como
“cometer ac­tivi­dades pecaminosas apoyándose en la fuerza del canto del
santo nombre del Señor”. No hay ninguna forma de expiación para una persona
que planea embaucar al Señor de tal manera. Una persona que piense “voy a
realizar una actividad errada y luego voy a cantar Hare Krishna para ser
disculpado”, des­cubrirá que Krishna, en lugar de ayudarlo, pondrá diversos
obstáculos en su camino, especialmente si su pecado o crimen es contra el
devoto del Señor.

De forma general, si una persona está constantemente sirviendo a Krishna y
cantando Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna Krishna, Hare Hare, Hare Rama,
Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare, el mismo pro­ceso de cantar y servir
gradualmente neutralizará las ofensas y pecados. Pero si alguien intenta
sacar pro­vecho de la protección ofrecida por el canto, el canto de dicha
persona será simplemente una combinación de diversas consonantes y vocales
—Krishna no Se manifestará allí.

Definiendo “pecado”

¿Qué debemos entender exactamente por “pecado”? Y, ¿existe alguna diferencia
entre pecado deliberado o pecado accidental?

Algunas definiciones dadas por Srila Prabhupada son “romper las leyes de la
naturaleza”, “enredarse ex­cesivamente en la complejidad de la naturaleza
material” y hacer algo que “nos aleja del Señor Supremo”. Una vez que
entendemos que nuestra naturaleza es básicamente prestar servicio amoroso a
Krishna, cual­quier otra cosa, o cualquier cosa opuesta, es pecado. Pecado
no es exactamente algo malo que Dios no quiere que usted haga porque Él es
un dictador cruel, sino algo que causa miseria por ir en contra de la
naturaleza del yo.

La naturaleza del cuerpo humano, por ejemplo, es digerir sustancias
orgánicas, particularmente, frutas, granos, vegetales y similares. Si
escogemos comer plástico, hacemos algo que es contrario a la naturaleza o
“ley” del cuerpo y, por lo tanto, tenemos que sufrir. De igual modo,
cualquier cosa que pensemos, hablemos, o hagamos, que no alimente nuestro
amor por Krishna, es espiritualmente indigerible y nos traerá el dolor del
enredo material, que es la enfermedad del alma.

Una persona cuya conciencia está en discordancia con Krishna tal vez no
sepa, sin embargo, lo que es armónico a la realidad espiritual y lo que no
lo es, por eso, las escrituras autorizadas enumeran las activi­da­des
condenables que requieren expiación. Dichos actos —del cuerpo, de la mente o
del habla— son peca­dos.

Sin otra posibilidad, aquel que no alcanzó el pináculo de la pureza vive en
un estado intermedio entre la vida pecaminosa y la vida pura. Mientras nos
esforzamos por la obtención de la pureza, retenemos aún diversas impresiones
mentales de pecados y la fuerte tendencia a usar nuestro cuerpo, mente y
palabras de maneras que nos apartan de Krishna.

Srila Visvanatha Cakravarti Thakura escribe en su Madhurya Ka­dambini:

“Percibiendo que el disfrute material le separa de Krishna y le quita su

constancia en el servicio devocional, el devoto decide renunciar a sus vicios y

toma refugio en el santo nombre. Pero, muchas ve­ces, el esfuerzo por la renuncia

termina en el disfrute de aquello a lo que se busca renunciar”.

Esforzándose por mejorar

Esa lucha contra nuestra propensión a apartarnos de Krishna no es gran
problema si continuamente acep­tamos el desafío de mejorar.

Krishna explica: “Habiendo despertado el interés por asuntos referentes a
Mí, Mi devoto adquiere des­agrado por todas las actividades materiales,
sabiendo bien que la gratificación de los sentidos conduce a la miseria. Aún
así, aunque trate, él no es capaz de abandonar sus deseos materiales y, a
veces, se ocupa en la miserable gratificación sensorial. Pero, habiéndose
arrepentido de dichas actividades, simplemente debe adorarme con amor, fe y
firme devoción” (Srimad-Bhagavatam 11.20.27-28).

Srila Prabhupada escribe: “Un hombre que tenga fe firme en los mandatos
eternos del Señor, aunque sea incapaz de ejecutar esas órdenes, queda
liberado del cautiverio de la ley de karma. Al comienzo del cul­tivo de
conciencia de Krishna puede que uno no ejecute cabalmente los mandatos del
Señor, pero por el hecho de uno no estar resentido con ese principio y
trabajar sinceramente, sin tomar en cuenta derrota ni pesimismo alguno, es
seguro que será promovido a la etapa de conciencia de Krishna pura”
(Bhagavad-gita 3.31, significado).

Los pequeños pecados que cometemos mientras nos esforzamos por mejorar son
considerados accidenta­les. Por arrepentirnos, podemos quemar la reacción de
tales pecados. Pero si pecamos pensando que las penitencias religiosas
habituales o las actividades trascendentales, como el canto del santo
nombre, nos librarán de la reacción, entonces, en lugar de ser reducida, la
reacción será aun mayor.

Si una persona acepta externamente la apariencia de una persona religiosa, o
una persona santa, mientras continúa secretamente realizando actividades
materialistas para el placer de los sentidos, dicho compor­tamiento también
se encuadra en la ofensa de cometer actividades pecaminosas apoyándose en la
fuerza del canto. Hay aún otros aspectos más sutiles. Podemos, por ejemplo,
pensar: “Yo soy un devoto de Krishna y Le doy placer de diversas maneas. Si
yo cometo sólo esta pequeña falta, ciertamente Él lo de­jará pasar”.

La protección de Krishna

Krishna promete: “Es Mi promesa proteger a todo aquel que al menos una vez
se rinda a Mí, diciendo con gran sinceridad: ‘Mi querido Señor, a partir de
este día soy tuyo’. Yo vuelvo a tal persona valiente de in­mediato, y ella
vive eternamente segura” (Ramayana, Yuddha-khanda 18.33). ¿De qué la protege
Krishna a esa persona rendida? Krishna dice: “Tan sólo entrégate a Mí. Yo te
libraré de todas las reacciones pe­caminosas. No temas” (Bhagavad-gita
18.66). Esas reacciones pecaminosas incluyen el propio deseo —el deseo en
potencia— de pecar.

¿Y cómo rendirnos? Nosotros aceptamos todo lo que sea favorable para nuestra
vida espiritual y recha­zamos todo aquello que sea desfavorable. Aprendemos
de las escrituras, de los gurus y de las personas santas lo que es favorable
y lo que no es favorable. Percibimos que, en definitiva, Krishna es nuestro
protector y sustentador, y por lo tanto, para ser felices tenemos que hacer
de Sus deseos el nuestro. Y no importa cuáles sean nuestras cualificaciones
y conquistas, nosotros damos el crédito a Krishna, permane­ciendo siempre
humildes.

Esa actitud de rendición rápidamente pondrá término a nuestra tendencia a
pecar y a utilizar erradamente el santo nombre con el fin de librarnos de
nuestras premeditadas acciones pecaminosas. Esa actitud per­mitirá que la
belleza y el poder del nombre broten con todo su esplendor en nuestros
corazones.

Traducción por Bhagavan Dasa (DvS)

Bienvenidos a los nuevos integrantes, y mi agradecimiento a los que siguen aqui, Asadharana dasi