viernes, 14 de diciembre de 2007

Fin de semana con los Hare Krishnas

Fin de semana con los Hare Krishnas

“Mi hermano Ramiro murió hace 12 años,” cuenta Vidagdha, antes Víctor Pérez, el cheff de 24 años de los Hare Krishna, en el principal Ashram o centro espiritual en Tiburcio Montiel 45, San Miguel Chapultepec. “Le gustaba leer mucho, lo espiritual. Convenció a mi mamá de hacerse vegetariana. Tenía principios de cáncer en el estómago. Siendo vegetarianos obtendríamos además cualidades divinas y menos enfermedades. Ramiro le hizo un tratamiento con una infusión. Éramos muy católicos e íbamos mucho a la iglesia. Me gustaba. Me atraía ser espiritual, ser un monje. Mis demás hermanos empezaron a leer los libros de Ramiro. Y tenían una dirección: ésta.

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Una tarde, fuera del metro Insurgentes, durante el Mundial de Futbol de 1986, vi a unos 10 chavos rapados, con sólo una mecha como tallo de cebolla, y túnicas color naranja. Con unos platillos diminutos –karatalas- y unos tambores –mri danga-, vertían ritmos y un mantra, por el cual son conocidos en el mundo, bailando a brincos:
Hare Krishna/ Hare Krishna/ Krishna Krisha/ Hare hare/ Hare rama/ Hare rama/ Rama rama/ Hare hare

Me detuve. Uno se acercó a hablarme de las bondades de la Consciencia de Krishna. Me dio un librito, “Viaje fácil a otros planetas”, a cambio de una “coperacha”. Pensé: “órale”. Me explicaron: “cualquiera, meditando, puede hacer volar lejos su espíritu”. Eran un cuadro exótico. Algunos transeúntes reían. Así los conocí. Había escuchado comentarios sobre ellos, sin fundamentos: que son unos pelones “pachecos” a quienes obligan a vender libros sin pagarles nada. Ahora, en la colonia Condesa, donde se palpa un renacimiento psicodélico, ha prendido la mecha Krishna, por su combinación de lácteo-vegetarianismo, religiosidad alegre, indumentaria hindú, y en general, buena onda. En México hay entre 5 y 10 mil hares. Visten Kurta -camisa y Doti-falda, los hombres, y las mujeres, Sari o vestido. ¿Qué predican? “Amor a Dios, paz y servicio”.

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Vidagdha: “Recuerdo el día que llegué a los 12 años. El olor a unas galletas fritas en ajonjolí y mantequilla. El incienso. Me sentí parte de esto. Vivo aquí desde entonces. Estaban cantando. Una viejita nos pidió quitarnos los zapatos. Las madres bailaban, hermosas.. Era un domingo especial. Comí espinacas con chile guajillo. Llegamos a las 11am y nos fuimos a las 10 pm. Ya no dejamos de venir ni un domingo. Mi mamá venía para complacerme, pero se hizo devota de Krishna. No me importaba no entender el sánscrito. Un devoto me dijo: “quédate un fin de semana”. Había exentado todo en la secundaria. A los 13 de edad, me quedé a vivir aquí definitivamente. No pedí permiso. Un día mi mamá me preguntó qué haría si no me dejara venir. Le dije: “no pienso que vayas a hacer eso”. Las primeras semanas ni me acordaba de la familia. Estaba feliz. Salíamos a caminar a la calle. Ayudaba en la cocina. Tenía que pararme a las 3:30 am. Mi maestro espiritual es Bhakti Tirta Swami. Fu i iniciado a los 16 años. Así, acepté los votos espirituales, servir a Krishna y a los demás, y volverme puro de mente.

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Algunas ideas de los Hare pueden parecernos raras. No comen carne, pero menos la de las vacas, porque son nuestras segundas madres: nos acaban de criar con su buena leche. Sus cuernos son antenas que captan la energía universal y la convierten en leche.�Otra: Bhakti Tirtaa Swami, uno de los líderes a nivel mundial, maestro de algunos mexicanos, escribió “Guerrero espiritual”, un libro que afirma la existencia de ovnis, basándose en supuestas evidencias “científicas”. Además distingue varias clases de extraterrestres, unos parecidos a nosotros, buenos, y otros, chaparros, grises y ojones, malos, como el “hallado” en Roswell.

Pero el Bhagavad Gita es el fundamento del Movimiento Internacional para la Conciencia de Krishna, y data de hace cinco mil años, las épocas de Krishna y está escrito en sánscrito. Es un diálogo entre Krishna –Dios- y su devoto Arjuna. Son 700 versos, compilados por Vyasa Deva. Es parte del Mahabarata..�Está incluido en Los Vedas.�El movimiento Krishna fue fundado en Nueva York en julio 1966 por Bhaktivedanta Swami Prabhupada, un “maestro ejemplar” quien pertenecía a un linaje espiritual ancestral–dice Aravinda-Das, un argentino de 38 años, uno de los líderes en México.�Ese peculiar hombre, de aspecto grave, antes de practicar el celibato y la renunciación a lo material, tuvo esposa, 5 hijos, y una empresa farmacéutica. Fundó en esa megaurbe el movimiento por instrucción de su gurú Bhakti Siddhanta Maharajá, “para convencer a los más influyentes del mundo de la importancia de la vida espiritual”.

Prabhupada vino a México –donde tienen registro como Asociación Religiosa desde 1992-, dos veces. Le gustaban las grandes audiencias. Cuando supo podía estar en un programa ante 30 millones de televidentes, dijo:

-¿30 millones? Entonces debemos ir.

Pero también estuvo ante 100 estudiantes en la UNAM el martes 6 de junio de 1972, donde expuso: “Tienen que estudiar para no fracasar y luego, trabajar duro por comida. La vida material es siempre una lucha, y finaliza con la muerte. Pero un ser humano debe preguntar por qué debe enfrentar todos esos sufrimientos, y cómo liberarse de ellos”. Un comunista le gritó: “¿De dónde saca el dinero para pagar su comida, si es tan renunciado?” –aludiendo a su carácter de renunciante, negador de lo material y célibe. “¡Yo creo que usted pertenece a la CIA!” Prabhupada respondió que, puesto que la universidad no educaba a sus estudiantes en la ciencia de Dios, estaba produciendo ateos, demonios…

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Un fin de semana con los hare es una experiencia alucinante. En este templo hay un altar con Krishna, y una estatua detallada de Prabhupada, con un collar de claveles.�El viernes en la noche, Aravinda toca el armonio, combinación de órgano y acordeón, finaliza un cántico en sánscrito, y habla de Prabhupada. Estoy sentado en el suelo y tengo los ojos cerrados. Pienso: “habría que aceptar a Dios en sus distintos rostros”, y la respuesta es unas gotas de agua en mi cara. Abro los ojos y veo una niña riendo y salpicando a todos los demás, como un juego, pero es parte del ritual. El fuego también es acercado y lo “tomas” con la mano para untarlo en la frente. Suenan los tambores contrapunteados con los karatalas y la misma niña me da a oler una gardenia.

Aravinda narra ameno las aventuras de Krishna. Y señala que para ser espiritual es bueno rodearse de estanques de agua, árboles, flores y cisnes, porque esta ciudad de concreto te embota la mente. Y critica a los hippies por drogos y sucios. Pero alaba a George Harrison, quien se hizo Hare al verlos cantando en un parque.

Las mujeres, ocho, están al lado derecho. Los hombres, unos 10, a la izquierda. Aravinda confiesa que si sales a vender libros de Prabhupada te sentirás en profundo contacto con él, aunque vivimos en un mundo “contaminado” por lo material. Inicia otra ceremonia: “Sri-Gurú-Vandana”. Cantan, suenan un caracol para devocionar a su fundador, equivalente a un santo, a quien le rinden culto. Le arrojan pétalos. Le tocan un calcetín. Bailan, brincan, elevan las manos, alegremente. Un chavo me da un clavel: me sonrojo.

Aquí se recomienda bailar y cantar a Dios. Pero hombres y mujeres están separados, igual que los evangelistas. No hay viejos. La mayoría es menor a 30 años. Luego se registra un éxtasis musical. 8:40 pm. Sólo a esta hora se hace el primer rezo en español.

El sábado, Vidagdha bate la masa de pizza y de hamburguesas. “Hoy hacemos algo sencillo”, respira. Afuera una mampara ofrece clases de filosofía védica y cocina vegetariana, y anuncia el festival Ratha Yatra, efectuado ayer en el Parque México, con danza, música y “Prasadam” -alimentos-ofrenda-. En los anaqueles veo ate, semilla de cilantro, chipotle seco, y “yi”, una mantequilla. Están hirviendo la soya para hidratarla. Ayudo a hacer el pan de las hamburguesas con harina integral. La “carne” se hace con soya y rallado de betabel y zanahoria. Hago la pizza integral con chile morrón, aceitunas y salsa de tomate.

Vidagdha: No comemos huevos porque son embriones, y causas la muerte de un ser vivo. Krishna da instrucciones en el Bhagabad Gita, capítulo 18: los alimentos deben ser frutas, verduras, leche, agua, verduras. Prolongas tu vida, y te ayuda a ser espiritual.�

Pero la ceremonia en grande llega el domingo, cuando el templo se colma con unos 60 devotos.

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Vidagdha: ¿Por qué sigo aquí? No creo haya otra forma de vivir que brinde felicidad y armonía. Y sobre todo, que despierte tu amor por Dios, limpiando la mente y el corazón. Esto es muy eficaz, por eso sigo aquí. Ha habido expulsados, por enamorarse, por robo. Nos acusaron de secuestrar a una viejita, pero fue falso. Mi gurú me pidió no irme,�me dijo que si unos devotos fallan, no por eso la verdad no existe. He ido a la India 3 veces. Vi un país atrasado. La primera en el 2000. Me pagaron todo. Llegué a Calcuta. Fui a la ciudad sagrada de Mayapur, sede mundial del movimiento, donde nació Krishna. Aprendí que hay gente de aldeas muy sencillas, pero que saben mucho, son humildes. Hay que ser más sencillo. Esto es lo que he aprendido.

(Publicado en La Revista de El Universal)

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