jueves, 24 de mayo de 2007

LA ALEGRÍA DE LA EDAD DORADA

LA ALEGRÍA DE LA EDAD DORADA

Cada momento en nuestra vida debe ser ocupado en algo sensato, sólo así podremos sentir una cierta satisfacción con lo que hacemos y lograremos que estén conformes y contentos quienes nos rodeen. Para tal fin debemos enriquecer nuestra relación con los demás para lograr un beneficio mutuo. Si ese beneficio es sólo para mí, a costa de los demás, eso es deplorable; si mi alegría no considera a los demás, esa alegría sería egoísta. Por el contrario si la alegría mía es el resultado de haber hecho felices a los demás, entonces sí es muy apreciable y recomendable.

La alegría en la tercera edad sin una visión trascendental se deriva, por lo general, de los propios bienes materiales, comodidades y diversiones; y está siempre afectada por el temor de tener un cuerpo que no va a durar por mucho más tiempo.

Por dicha razón el conocimiento espiritual se vuelve de importancia fundamental en la tercera edad. Cuando el cuerpo comienza a arrugarse, los huesos se vuelven frágiles, la memoria se debilita y hasta los sentidos fallan; en este momento es cuando necesitamos inevitablemente de una iluminación sobre nuestra propia identidad.

En la tercera edad es cuando, gracias a las experiencias vividas de joven o adulto, se deberían obtener los frutos maduros de un crecimiento digno; los cuales podrían ser compartidos con todos aquellos que así lo deseen. Pero, debido que la gente en la tercera edad no tiene visión trascendental y más bien se lamentan de no tener un cuerpo joven para disfrutar, los jóvenes no encuentran en ellos una buena fuente de inspiración, como resultado de esto, los ancianos se ven obligados a llevar una vida aislada o a vivir en el pasado.

Primero se debe entender que uno no es este cuerpo material y que este cuerpo joven o viejo es temporal y es el resultado de las acciones de la vida pasada. Debo tener en cuenta que muy pronto tendré que dejarlo del todo y obtener un próximo cuerpo para recibir, pagar y experimentar en él todo lo bueno y lo malo que haya hecho en esta vida.

Comprender esto ayuda a ver la tercera edad como la época perfecta para el arrepentimiento por los errores cometidos en el pasado.

Con conocimiento védico la tercera edad se convierte en una época de grandes oportunidades; se puede aprender, se puede compartir y se puede preparar para el paso a la siguiente vida. Sin embargo, vemos que algunas personas en la tercera edad, estando incluso libres de la dificultad económica gracias a alguna ayuda o pensión, no saben cómo usar el tiempo apropiadamente.

Es ahí cuando se debe sembrar la medicina de fundamental importancia para esta edad:

Entender que no somos este cuerpo material de huesos, piel y sangre. Entender que somos responsables de nuestros actos y que podemos crecer inmensamente si desarrollamos la devoción, el amor y la sinceridad en todas nuestras relaciones con los demás.

Las personas de la tercera edad, por ejemplo, deberían emplear su tiempo libre en buscar personas jóvenes confundidas para darles la mano y ayudarles en su compresión espiritual.

Uno de los aspectos más importantes que debemos entender es que hemos recibido la vida para ayudar a los demás. Este servicio nos da crecimiento personal y es la única conexión del ser con la felicidad.

Esa cantidad de tiempo libre que tienen las personas en la tercera edad, si es bien utilizado renunciando por completo a la sensualidad y los mensajes trasmitidos por el cine y la televisión, permite a la persona ser más realista sobre el propósito real de su estadía en este mundo. El ver películas que promueven la sensualidad y la gratificación de los jóvenes hace que la persona de edad avanzada únicamente desee tener de nuevo un cuerpo (que seguramente le será dado por los nacimientos y muertes repetidos como es explicado en la ciencia de la reencarnación). Pero la gratificación no es la meta de la vida. La meta de la vida es desarrollar amor puro por Dios, amor universal y estar dispuesto a ser un verdadero amigo y bienqueriente de todas las demás entidades vivientes.

Las personas en la tercera edad deben ser muy cuidadosas de la dieta y, al igual que en otras edades, volverse estrictamente vegetariano; de esta manera su salud va a mejorar mucho y serán ejemplos para los jóvenes a quienes podrán informar sobre los grandes beneficios de una dieta vegetariana. Por otro lado, las personas de la tercera edad también pueden hacerse voluntarios para mejorar la educación en los programas escolares, crear apoyo en los jardines de infancia y visitar con frecuencia a las personas que cuidan niños para compartir con ellos la valiosa información obtenida durante esta vida.

La tercera edad implica cuidarse exigentemente de las propias frustraciones, de las tendencias a volverse amargado y enojado (que alejan a todas las personas), y de la mentalidad de sólo querer gozar de los recursos de otros.

La tercera edad es un examen natural. Sabiendo que uno debe entregar este cuerpo en breve, uno debería comprender su identidad eterna para poder sentirse satisfecho y agradecido por haber tenido este cuerpo, por haber podido aprender y aún enseñar muchas cosas a otros con el más profundo cariño y humildad.

Yo he visto en mi vida que los sabios vaisnavas que han dedicado su vida al Bhakti Yoga y han alcanzado la autorrealización estando en su más avanzada edad, fueron buscados por el resto de la humanidad para recibir bendiciones de ellos y escuchar sus instrucciones. Esto es algo que no es posible entre la gente que ha llevado una vida pecaminosa y luego en la vejez sólo se dedican a lamentarse, quejarse y a buscar un culpable para lo que no funcionó como ellos querían.

La tercera edad es un gran momento para recordar a Dios y orar profundamente. Uno debe prepararse apropiadamente durante toda la vida de tal manera que en el momento de partir de este mundo pueda recordar al Señor Supremo.

La belleza del ser alcanza su grado maduro de dedicación en la tercera edad. La belleza del alma no es la del cuerpo, sino la de su carácter, su ternura y su disposición de servir a los demás.

Cuando le preguntaron a Jesús quién los lideraría después de su partida, él respondió: “sea quien sea, el que quiera liderar que se haga ya servidor de todos los demás”. Así los hombres y mujeres de la tercera edad deben ser líderes en el pensamiento, en la apreciación y en las responsabilidades que se tienen en este mundo material. Esto es algo que debe ser enseñado por los mayores, con su propio ejemplo y al hacerlo, serán valiosos consejeros para todos los demás y serán extremadamente apreciados. Así su vida terminará logrando el máximo éxito que se puede obtener en este mundo, que es el de amar a Dios y amar al prójimo como a sí mismo.

Las personas de la tercera edad no tienen generalmente una gran necesidad económica; así que ellos deben desempeñar todas estas actividades desinteresadamente sin búsqueda de ganancias o acumulación de riquezas. No tiene sentido que algunas personas no quieran terminar sus negocios y asuntos familiares sino hasta el día en que se mueran.

En la antigua India la tercera edad está dedicada a desapegarse de la familia, de los bienes que se obtuvieron y de la comodidad personal para seguir el camino de la renunciación. Los sabios ancianos viajan incluso de pueblo en pueblo y de casa en casa para entregar en todos lados el mensaje del amor universal.

En la tercera edad se puede hacer más íntimamente la adoración a las deidades en los templos, participar y aumentar el apego hacia todo aquello que le conecte con Dios. La tercera edad es el peldaño hacia su próxima existencia, por eso aprovéchela bien para que no tenga que lamentarse después por el tiempo perdido, por haber vivido en el pasado o en otros sueños ilusorios.

Los lectores que aún no han llegado a la tercera edad, tengan mucha comprensión con aquellos que ya están en ella y no se olviden que esa edad los está esperando.

En una casa vivía un abuelo que comía con su familia todos los días. Cuando él se volvió más senil comenzó a regar la comida y no podía controlar muy bien sus manos para comer; ya necesitaba asistencia. Hasta llegó a romper el plato. Entonces papá y mamá pensaron que era incómodo tenerlo en la mesa principal, así que lo sentaron en la cocina, en un rinconcito para que allí se alimentara el viejo. Además le pusieron un plato de madera. Un día el padre de la casa llegó y vio que su niño de 10 años estaba en el patio tallando un pedazo de madera y le preguntó: hijo, ¿qué estás haciendo? El hijo respondió: Papá, estoy tallando tu plato de madera para cuando estés viejo. Esto impactó tanto al padre que llevó al viejo abuelo de vuelta a la mesa “Bueno, que riegue un poquito, qué importa”, dijeron.

Cuando maltratamos a nuestros hijos es seguro que en la vejez seremos maltratados por ellos, y si los tratamos con cariño y paciencia, eso mismo recibiremos, esa es la ley de este mundo.

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