domingo, 18 de marzo de 2007

El Señor Jagannatha y el Devoto Orgulloso





En el año 1727, Dhananjay Mehta, un hombre muy rico de la ciudad de
Hyderabad, en el sur de la India, fue a Puri, estaba muy orgulloso de
su riqueza. Vino con toda su familia a pesar de no tener fe
personalmente en el Señor Jagannatha. Llegando allí decidió desafiar a
la extraña imagen hecha de madera.

En el templo la comida es ofrecida a las Deidades tres veces al día.
Dhananjay Mehta declaró públicamente que haría una donación de cien
mil rupias para el templo de Jagannatha si el templo lograba gastar
todo eso en la preparación de sólo una ofrenda. En aquella época las
frutas y los vegetales eran muy, muy baratos; incluso cien rupias era
suficiente para comprar todos los ingredientes para una ofrenda, mil
rupias era demasiado. De esta manera nadie en el templo fue capaz de
imaginar qué comprar con cien mil rupias, esto se volvió un gran
problema para los adoradores del famoso templo del Señor Jagannatha.
De hecho estaban muy tristes al ver esa actitud de desafío por parte
de un supuesto devoto.

El sacerdote pensó:

—¿Ya le dijeron que esa cantidad es muy elevada? Debemos pedirle una
donación menor. ¿Sería vergonzoso pedirle eso? Sabemos que Jagannatha
es el mayor, Su templo es muy majestuoso, Sus rituales son místicos y
divinos; cómo pedir entonces a este hombre que done menos? ¿Cómo
pedirle que haga una pequeña donación para que nosotros, simples
mortales, podamos manejarla?
En aquella época, la mantequilla era el ingrediente más caro, pero qué
tipo de preparación podía hacerse sólo con ghi (mantequilla
clarificada)? la más deliciosa y dispendiosa ofrenda podía prepararse
fácilmente con mantequilla y dulces de coco con unas diez mil rupias,
¡pero este millonario de Hyderabad deseaba ofrecer una ofrenda de cien
mil rupias!

Desde el origen del templo de Jagannatha miles de personas reciben
maha-prasada en el Ananda Bazar del templo, muchas clases de golosinas
son abundantes allí, en realidad el templo de Jagannatha es el único
templo del mundo que siempre tiene maha-prasada lista, y es
considerada más valiosa incluso que el darsana (ver a las Deidades).
Todos pueden comerla independientemente de su casta, color o credo y
no obstante, nunca surgió un problema como éste, la cocina era la
principal finalidad del templo, pero no había ofrenda que pudiera
prepararse con cien mil rupias! Finalmente decidieron lo siguiente:

—Vamos a comunicar este problema al propio Señor Jagannatha y dejemos
que se cumpla Su voluntad. El Señor Jagannatha no es un hombre de
carne y hueso a quien dirigirse por una simple respuesta, vamos a
hacer un dharana (oración en grupo) delante de Él, nadie podrá
prevalecer sobre Su voluntad.
Y así, el panda (sacerdote principal) hizo una oración con mucho
sentimiento:

—¡Oh, Señor, por favor, escoge la comida que deseas!

Al mismo tiempo, el millonario estaba muy ansioso por volver a sus
negocios en Hyderabad, no deseaba permanecer mucho tiempo más en Puri,
de esta manera pidió al panda que en la mañana siguiente viniese a
informarle sobre la decisión tomada en cuanto a la ofrenda, el panda
respondió que estaba esperando que el propio Señor diese la respuesta.
Eso era exactamente lo que el hombre rico quería, con la esperanza de
desmoralizar al Señor Jagannatha y Sus devotos, así decidió permanecer
un poco más en Puri, de una manera sutil el Señor le estaba enseñando
que primero se debe de saber cuál es la voluntad del Señor y entonces
actuar.

Cien mil rupias es una niñería para el Señor que reina sobre
innumerables Universos, a su debido tiempo el Señor respondió al
sacerdote principal hablando con él en un sueño:

—Pide a este señor acaudalado ofrecerme un pedazo de pan, pero la nuez
de betel en la hoja del pan no debe estar untada con lima, sino con el
polvo más fino de perlas de la tierra, además esa perla debe ser
retirada de adentro de la cabeza de un elefante.

Un pedazo de pan cuesta poquísimo, incluso hoy en día cuesta menos de
una rupia, sin embargo con ese ingrediente tan raro el costo sería
excesivo, el panda corrió hasta el hombre rico y narró todo el
episodio.

—¿No es una maravilla? Jagannatha quiere sólo una ofrenda de nuez de
betel, pero debe ser preparada con la perla sacada de la cabeza de un
elefante.
Al oír eso, el millonario quedó pálido y pensó:

—¡Una mera nuez de betel! ¡Nada más que eso!

Decían que un elefante vivo o muerto valía las cien mil rupias,
¿Cuántos elefantes debían ser muertos para encontrar una perla? No es
que todo elefante (macho) posea una perla dentro de la cabeza, ese es
un fenómeno muy raro. En realidad sólo uno en un millón tiene una
perla en la cabeza, el hombre comenzó a atontarse, fue derrotado, no
era capaz de ofrecer ni una nuez de betel para el Señor Jagannatha,
desamarrando su turbante y quitando sus sandalias salió corriendo
hasta el Señor con una bolsa llena de cien mil rupias en la mano. Una
ruidosa multitud lo siguió.

Todos contemplaban esta extraña escena, El Señor había derrotado al
millonario en su propio juego de dinero, por lo menos su orgullo
humano fue abrumado. El millonario comenzó a sollozar y llegó hasta
Jagannatha con un lloro incontenible, como un niño, derrotado y con
total devoción oró:

—¡Oh, Señor, cometí una estúpida necedad, ni siquiera soy capaz de
ofrecerte una simple nuez de betel! ¿Qué más puedo ofrecerte? ¡Oh,
Señor, perdóname! Soy un hombre caído e insignificante, pero aprendí
con Tu lección. Todo es Tuyo y Tú eres todo. Toma todo lo que tengo,
por favor, acepta esta simple y dulce nuez de betel bermeja que Te
sonríe: mi corazón.